Centenario del fin de la Gran Guerra (I)

1918 – 1919 / 2018 – 2019
Centenario del fin de la Gran Guerra (I)

En 2018 se ha conmemorado el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, la llamada Gran Guerra, y en este 2019 conmemoramos la firma del Tratado de Versalles que puso fin a la contienda, imponiendo a las potencias vencidas unas condiciones tan abusivas, abyectas, opresivas y vejatorias que sembrarían el germen de la Segunda Guerra Mundial.

Es ésta una conmemoración importante, que invita a muy serias reflexiones, no sólo por la gran significación de los hechos que conmemoramos, sino también por la forma en que se conmemoran, por el modo en que se habla de ellos y la forma sesgada, tendenciosa y torticera en que se los interpreta. De nuevo nos vemos sometidos al bombardeo propagandístico. Aunque, bien es verdad, que esta vez dicho cañoneo no ha sido tan intenso como en 2014, en la conmemoración del inicio de la Guerra del 14, ni se han lanzado frases y lemas tan rimbombantes como entonces. Y ello, por razones obvias, dada la forma vergonzosa y canallesca en que las potencias vencedoras pusieron fin a la guerra, con unas actitudes, unas decisiones, unas imposiciones y unas vejaciones que sembrarían el germen del próximo conflicto bélico, hecatombe mucho mayor aún.

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Bendecir la vida

Pocas cosas definen la forma de ser del hombre o la mujer noble como su actitud ante la vida, su manera de contemplar la existencia y situarse ante ella. ¿Cómo se perfila esta actitud ante la vida? ¿Cuáles son sus principales características?

La actitud ante la vida del hombre noble, lo que es tanto como decir del hombre tradicional (entendida la voz “hombre” en su acepción de “ser humano”), se halla caracterizada por el respeto y la veneración, la apertura de la mente, la mirada tierna y poética, la mesura y el autodominio, la ecuanimidad y la templanza, la serenidad y la paz interior, la seriedad y la alegría, la confianza y la aceptación de lo que la realidad nos aporta, el aprecio de los pequeños detalles del devenir cotidiano y una postura voluntariosa que lleva a aprovechar las vicisitudes de cada día para la práctica de todas las virtudes, sin descuidar ninguna de ellas.

Es una actitud vital que está basada en una visión sagrada, abierta a la trascendencia, guiada por la sabiduría y el amor, movida por la compasión y la caridad, una caridad de proyección cósmica y universal. Y por ello, es profundamente respetuosa de la realidad: no pretende alterar, falsificar ni manipular la realidad con la que se encuentra, sino que la mira y acaricia amorosamente, tratando de escuchar su voz sutil y asimilar su mensaje. Se trata de una actitud bendencidora, santificante y radicalmente afirmadora de la vida.

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